El hombre, el mayor contaminante del planeta. El único ser vivo que se auto destruye, el único que utiliza su brillantez para dañar y perjudicar a los demás. Sí, eso y mucho más somos nosotros.

Hace unos días atrás vi un meme particular, la tierra postrada en una camilla portando una mascarilla, y a través de la ventana los planetas del sistema solar deseándole que se mejore pronto. Me pareció muy conmovedor, pero ¿en realidad el planeta está enfermo? O ¿se encuentra tomando un respiro de nuestra ausencia?

Sin ánimo de ser insensible o pasar por alto la tragedia que nos asola, llego a la conclusión de que la naturaleza agradece el retiro temporal del hombre. Como todas las especies, ocupamos un espacio en el mundo, pero a diferencia de las otras, nuestro afán expansionista nos ha llevado cada día a invadir y apropiarnos de tierra, mar e inclusive cielo, sin respetar el ecosistema ya existente.

Si la gracia de la naturaleza nos otorgó una inteligencia superior, porque seguimos viviendo afectando tanto al resto, ¿por qué la avaricia sigue guiando nuestro camino? En lugar de buscar generar más riqueza, se debería de invertir en soluciones para evitar el tan temible punto crítico climático, de donde no hay vuelta atrás … de donde no se puede escapar.

Por eso y muchas otras razones, las distintas señales, delfines revoloteando cerca a las costas de Huacho (Lima) o las bandadas de aves marinas en las playas más concurridas de nuestra capital, como Agua Dulce, deben de tomarse enserio; la naturaleza vuelve a tomar posesión de su habitad. Ante esto, se deben de tomar medidas más rigurosas y sin duda alguna, los únicos capaces de generar un cambio verdaderamente importante somos nosotros.

Se debe de tener iniciativa, con acciones simples como el no botar la basura en la calle, como reducir nuestro consumo de plástico, o reciclar al menos de forma rudimentaria, ayudaría en demasía. No solo son las grandes fábricas o las grandes comparaciones; son las más de 7.700 millones de personas que habitamos este planeta, y juntas podríamos generar un cambio en un santiamén.

Por otro lado, no somos superiores, somos seres que compartimos el poco y preciado espacio de este mundo con las demás especies; tal vez con un significativo poder de razonamiento e inteligencia, pero que merecemos vivir tanto como los demás seres vivos.

Aprovechemos estos días de cuarentena para reflexionar sobre este tema, y pensar un poco en nuestras distintas acciones a favor del medio ambiente y nuestro ecosistema. Pensemos en el legado que queremos dejar a nuestra descendencia, en ese mar y cielo azul que vemos a diario y esos campos por los que después podremos correr con nuestros hijos y nietos.

Fotos: Andina

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