Aislamiento, toque de queda, ya son casi 3 meses de cuarentena y sinceramente siento que ya me acostumbre, inclusive cuando salgo a la calle me agito y no me siento el mismo de antes. 

A pesar de organizar mi día para no aburrirme, el silencio es abrumador, y es en esos momentos de quietud cuando se me hace imposible no pensar en algunas cosas de mi vida. El truncamiento de mi carrera, un viaje espectacular que iba a realizar en julio, el genial cumpleaños que deseaba tener, entre otras cosas más. 

Pero sin duda lo que más me ha afectado ha sido el hecho de haber tenido que retroceder de ciclo. Cambió todos mis planes, TODOS, parece una cosa simple pero no lo es, es tan frustrante tener que llevar cursos por segunda vez, no tienen idea; haber sido primer puesto a lo largo de 4 años y medio para tener que volver a empezar. Recordar que ya tenía el proyecto de tesis aprobado, listo para ejecutar las encuestas y poder ser por fin licenciado en administración; créanme, no se lo deseo a nadie.

Bueno, entonces ¿lloro y pataleo? ¡NO! La verdad solo queda mirar hacia adelante e intentar buscar el lado bueno, da la impresión que no hay, ¿cierto? Pero recordemos que todo, absolutamente todo tiene algo positivo, nuevos compañeros que conocer, nuevos amigos, docentes, intercambios, una universidad más grande, poder destacar en otra institución educativa y poder tener un verdadero reconocimiento y no una simple hoja de papel, entre otras cosas. 

Pensando en lo anterior pude encontrar la calma. En esta cuarenta he tenido por fin la oportunidad de contar con tiempo de sobra para reflexionar y darme cuenta otra vez que la vida es una sola, que el tiempo es oro y que lo importante es ser feliz, ¿estudiar? claro que si, pero no olvidándote de todo aquello que quieres realizar, ya que tu aspiración no debe ser solo terminar la carrera, debe ser mucho más, encontrar la felicidad y comprender lo que significa para ti esa palabra, cumplir tus sueños, viajar, conocer otras culturas y sobretodo darte cuenta de lo pequeño que somos en el mundo.

Ampliar nuestra visión de las cosas y disfrutar, ese es mi consejo, vivir cada día como si fuera el último, no quiero decir ¡ojo! que se vuelva un desenfreno total, a lo que me refiero es que debemos vivir en todo el sentido de la palabra. No ser esclavos de nuestra propia rutina o de una relación que ya no va, tener voz y voto para decidir lo que quieres. Solo así no tendrás la necesidad de querer volver atrás cuando ya seas mayor, cuando el tiempo ya no pueda retroceder y cuando tu vida, ya no pueda cambiar.

Nos vemos en una siguiente nota.

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