¿Es una costumbre?, ¿lo hacemos intencionalmente? Si hay algo que caracteriza a la persona irresponsable, es la manera en la cual se excusa y desprende de sus tareas.

Día a día en la universidad presentamos trabajos, proyectos de investigación, guías prácticas, exposiciones, entre otras cosas. Y pues, lo que se busca es el desarrollo de habilidades sociales y el trabajo en equipo; por tanto, es común reunirse entre compañeros y miembros de un equipo para analizar los pendientes, dividir los trabajos, establecer plazos para entregas de avances y demás. Cuando uno hace estas actividades nunca falta aquel personaje que nunca puede, el que por circunstancias del destino, le suceden todos los problemas posibles, llega tarde, pierde sus cosas, siempre tiene que trabajar; en fin, una maraña de pretextos. En mi caso soy tolerante, pero no tonto, porque conozco cuando la persona es fanfarrona y mentirosa, en este punto puedo ser peor que cualquier antagonista.

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Todas los estudiantes pasamos por problemas de diversa índole, pero estos no pueden convertirse en nuestro sello personal, porque comenzamos a caer antipáticos. La situación se complica más cuando no somos sinceros y algo que hubiera podido ser comprensible para el líder y demás miembros del grupo, se torna un pretexto ridículo, que a leguas carece de verdad.

Considero que es mejor decir con franqueza lo que sucede, porque si de manera reiterada fallamos a nuestro equipo, el mismo ya no nos tomará en cuenta. Como líder de mis grupos de trabajo [a los cuales reconozco su dedicación y esmero] insto a que me digan sus problemas con honestidad. Así suene “loco” prefiero que me digan que están en una fiesta, a que me inventen un problema digno De la Rosa de Guadalupe, porque automáticamente dejo de escuchar y con mucho o mas bien poco pesar, coloco sin titubear un ” ” (menos) gigante al costado de su nombre en las carátulas respectivas.

Ante lo anteriormente mencionado, algunos podrán pensar que es una actitud radical. No lo creo, por el contrario es un favor que se le hace a la persona; porque así se le enseña a que debe ser responsable y sincero, a que su falta de dedicación no solo le perjudica a él, sino que, afecta a todo un grupo de trabajo, genera trabajo doble, malas noches, exposiciones poco coordinadas y explicaciones nada agradables al docente de turno frente a un salón en pleno.

Concluyo esta semana dedicada a la vida universitaria con la idea puntal de que nuestras acciones reflejan como somos, desde lo mas profundo de nuestro ser, funcionando como un espejo prospectivo; que para unos pocos muestra un futuro prometedor y para otros muchos un simple y desolado páramo. Cierro, recordando que son las pequeñas cosas las nos moldean y construyen nuestro porvenir.

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